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El miedo y la falta de control invaden su vida.
Puede tener miedo de buscar ayuda debido a la represión cultural o religiosa o puede sentirse culpable y creer que el abuso es culpa suya. Le preocupa que sus hijos lo sepan (o lo que puedan presenciar) y teme que se les haga daño. El abusador puede aislarla mediante el control del dinero o de su contacto con otras personas. Si su inglés es limitado, puede no conocer recursos ni alternativas. Ella está en crisis y puede sentir que su vida está en peligro.
Si decide confiar en alguien, una latina frecuentemente habla con un familiar, una amiga o un miembro de su iglesia.
Tomar acción o dejar al abusador producen miedo. Una mujer con frecuencia teme que ella y sus hijos sufrirán más daño si tratan de huir (un temor justificado: el 65% de las mujeres golpeadas que son asesinadas, mueren a manos de sus abusadores cuando intentan huir o después de huir). Huir exitosamente significa mayor aislamiento de sus posibles fuentes de apoyo: amigos, familia y comunidad. A ella le preocupa perder la custodia de sus hijos. Además hay muchos otros temores: la dependencia económica; la falta de preparación laboral; el temor a involucrarse en un proceso legal en una corte o a problemas de inmigración; finalmente, la falta de una vivienda alternativa.
¡El abuso puede no ser el problema más urgente en la vida de una latina! Algunas de sus preocupaciones - tales como problemas de inmigración o preocupaciones relacionadas con sus hijos - con frecuencia tienen más importancia para ella que la violencia que ella misma sufre. Puede echar de menos a su país natal y a su familia extendida; puede estar experimentando las ansiedades y tensiones que surgen de vivir en una cultura ajena; y si se siente más cómoda hablando español que inglés, su aislamiento puede ser abrumador.
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